➵ “Erase una vez
un principito que habitaba en un planeta apenas más grande que él, que
necesitaba un amigo…” Para aquellos que saben lo que es la vida, esto hubiera soñado
mucho más verdadero.
➵ “No sabía que
decir. Me sentía muy torpe. No sabía cómo consolarlo, donde encontrarlo… ¡Es
tan misterioso el país de las lágrimas!”.
➵ -“Entonces te juzgaras a ti mismo – le
respondió el rey -. Lo cual es aún más difícil que juzgar a los demás; y si
logras juzgarte bien, serás un verdadero sabio”.
➵ -“Me pregunto – dijo – si las estrellas se
iluminan con el fin de que, algún día, cada uno pueda encontrar la suya”.
➵ -“¿Los hombres? Creo que no existen más que
unos seis o siete. Los vi hace años. Pero nunca se sabe dónde encontrarlos. El
viento los lleva. No tienen raíces, y eso les causa amargura”.
➵ -“Solo se conocen bien aquellas cosas que se
domestican – dijo el zorro -. Los hombres ya no tienen tiempo para conocer
nada. Compran las cosas ya hechas a los comerciantes; pero como no existe
ningún comerciante de amigos; los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un
amigo; ¡domestícame!”.
➵ “He aquí mi secreto. Es muy sencillo. Consiste
en que no se ve bien sino con el corazón, pues lo esencial es invisible a los
ojos”.
➵ -“Solo los niños saben lo que buscan – dijo el
principito”.
➵ -“Las estrellas son bellas a causa de una flor que
no se ve…”.
➵ -“Pero los ojos no siempre ven. Hay que buscar
con el corazón”.
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